LA HISTORIA DE LOS TARELDAR

Siglos atras existio una gran comunidad elfica en una de las regiones mas remotas del
mundo, Eladar. Durante siglos el pueblo de Eladar crecio y se desarrollo al margen de las
demas razas, consistiendo sus principales actividades en la adaptacion y aprendizaje 
de los medios que la naturaleza ponia a su alcance. Los acontecimientos transcurrieron en 
paz durante generaciones, pero con la llegada de otras razas mas avariciosas a Eladar la
paz se enturbio. Ejercitos de hombres, enanos y orcos se instalaron en las proximidades de
Eladar y comenzaron su despreocupada expansion con la consiguiente explotacion de recursos
naturales que ello conllevaba. Alarmados por sus irrespetuosos visitantes los eladen se
dispusieron para la guerra contra sus posibles enemigos y como previnieron los sabios, los
recursos de los alrededores se agotaron y el enemigo puso sus ojos en Eladar. Los primeros
en atacar la frontera de los elfos fueron los humanos, pero encontraron a inesperados
defensores que los rechazaron sin muchas complicaciones. Los siguientes en intentar invadir
Eladar fueron los orcos, pero tambien fueron rechazados por los elfos y sus aliados del
bosque. El tercer ataque llevado por sus entrometidos vecinos llego de la mano de los
enanos, en este caso los eladen no pudieron defender su tierra sufriendo ademas numerosas
bajas. La resistencia y adaptabilidad de los enanos unidas a su tozudez hacia de ellos duros
enemigos, pero verdaderamente era su avaricia lo que hacia dificil expulsarlos de alli.
Finalmente los enanos llegaron a Celebar, capital elfica, mientras que al mismo tiempo, un 
ejercito de humanos mejor preparado que el anterior comenzo a atacar la frontera sur de
Eladar, la situacion de los eladen se ponia verdaderamente dificil. La guerra entre elfos
y enanos dentro de Celebar fue encarnizada, muchos murieron entonces y aun se cantan
canciones sobre la cruenta batalla. Llego la duodecima noche desde la llegada de los enanos,
y los hombres ya estaban proximos a Celebar, fue entonces cuando el triste cantico de una
dama elfa se oyo en el silencio nocturno seguido de una explosion de luz plateada que
ilumino la ciudadela. Los pocos elfos que aun quedaban se aproximaron a la fuente de tan
sorprendente espectaculo, y fue alli donde hallaron su salvacion. En mitad de Celebar se
alzaba una impresionate figura de mas de dos metros de altura, su rubio cabello era largo
y sus orejas puntiagudas daban a entender que era miembro de la raza de los elfos. Iba
envestido con celestes ropajes y una reluciente armadura plateada, luciendo en su pecho
un extranyo simbolo constituido por una llama blanca atravesada verticalmente por una espada
negra. El recien llegado avanzo poderosamente entre las calles de la primitiva Celebar y 
tras musitar unas palabras en algun antiguo lenguaje un aura de luz blanca que parecio
surgir de la nada le rodeo. Los eladen estaban congelados ante tal vision, pero los
valientes y temerosos enanos no habian encontrado aun en aquel lugar algo que fuese digno
de temer mas que la astucia de los elfos... esta vez fue distinto. El ruido del pesado
pisar de los enanos retumbo en la noche, las decenas de guerreros que aun quedaban vivos
corrieron hacia el desconocido con renovadas fuerzas. Tursereg dirigio la vista hacia sus
enemigos y susurro algo para sus adentros antes de sonreir e ir a encontrarse con ellos:
"Venid, acudid hacia vuestra muerte". Las espadas de Turseleg se movian rapidamente cortando
limpiamente cualquier cosa con la que se topasen mientras que las armas de los enanos no
podian penetrar la barrera magica que rodeaba a su verdugo. Rapidamente y con mortal
precision las decenas de invasores fueron reducidas a una pila de cuerpos inertes sobre
la desnuda calzada. Antes del amanecer los humanos consiguieron llegar a Celebar, pero lo
que encontraron no fue de su agrado. Sentado sobre la pila de enanos muertos se encontraba
Tursereg, quien se puso de pie rapidamente y entono las siguientes palabras: "Marchaos
invasores del exterior, pues el pueblo de los Tareldar no os quiere entre ellos". Antes de
que hubiese respuesta alguna, al menos un centenar de humanos hallaron la muerte ante un
espontaneo estallido de fuego que surgio de la nada. Los asustados humanos desaparecieron
entre la espesura del bosque para no volver a ser vistos en mucho tiempo. En este momento
fue cuando Tursereg se volvio a los elfos supervivientes explicandoles: "Mi nombre es
Tursereg, enviado de Enialish, el senyor de la luz y protector de vuestro pueblo para que
os guie en estos aciagos dias y conozcais los secretos que hasta ahora os han sido vedados".
Estas palabras fueron gratamente acogidas por el desesperado pueblo de Eladar, quienes a
partir de ese momento pasaron a conocerse como Tareldar, Altos Elfos o Calaquendi, Elfos de
la Luz.
